Dantza
La crítica ya ha alabado 'Dantza', ahora le toca al público. Fuente: BTeam

El film musical de Telmo Esnal construye un espectáculo vasco tan impresionante como interesante que aprovecha todos los recursos del cine

Tras su paso por el Festival de Cine de San Sebastián con premio incluido, este viernes 21 llega a la cartelera Dantza. La nueva película del director vasco Telmo Esnal supone su vuelta al cine tras 7 años y la reconciliación con su pasión abandonada: la danza. Para ello, se ha rodeado de un equipo de profesionales vascos entre los que se incluye hasta un escultor en la parte artística. El resultado de esta experiencia tan “divertida como difícil” en palabras del director, ha sido un perfecto híbrido entre aquellas dos artes: un preciosismo artesanal que ha insuflado a un fantástico espectáculo de danza toda la potencia audiovisual y narrativa del cine.

Espectáculo audiovisual

Los sentidos de la vista y el oído son los que más van a disfrutar de la función, ya que el equipo se ha preocupado porque el espectador no tenga que forzar ambos como si estuviera en un espectáculo en vivo. Por encima de todo, Dantza es cine. Para ello, Esnal ha relegado los comunes planos generales frontales a momentos puntuales, de presentación. En su lugar, la cámara se mueve con una soltura equiparable a la de los dantzaris, para inmortalizar cada movimiento y regalarnos detalles preciosistas como la gestación de un amor o el riesgo de bailar alrededor de un vaso. Otras dos técnicas cinematográficas a resaltar son los efectos digitales (ese mágico dúo en el cobertizo), aprovechados sin perder la naturalidad y realismo fantástico que logra la bellísima fotografía.
Dantza
Una de las cuidadísimas del film. Fuente: Txintxua Films
En la parte sonora cabía esperarse menos, ya que lo típico es utilizar la mezcla del playback. En este caso, esa música de por sí ya es valiosa al transportarnos a un paisaje sonoro vasco de principio a fin, tras haber adaptado diferentes piezas. Aquí el preciosismo está en el tratamiento de los sonidos ambientes como pequeños detalles que transmiten la verdad del rodaje, como los gritos de la gente. Los detalles que apuntaba la cámara se destacan aquí con un montaje sonoro cuidadísimo que subraya los movimientos de los pies o el rozar del suelo como elementos rítmicos (el primer número) y naturalistas.

Espectáculo narrativo

A pesar de ese nivel de fascinación, la película no abandera la danza por la danza. Dantza es cine, y por ello demanda una historia más marcada. En este sentido, la abstracción dominante hace que cueste enganchar, pero hay una clara intención de unir todo con una línea. Por ello, se suavizan las transiciones entre los números y se aporta una historia de amor con la que es más fácil empatizar. De cualquier manera, merece la pena el esfuerzo intelectual, ya que esta es la base, no lo más importante. De hecho, el trailer cuenta la narrativa entera e igualmente sigue mereciendo y mucho la pena verla en el cine, que es donde más puede apreciarse.
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Cuidado en la forma y la narrativa del film. Fuente: Txintxua Films
La única pega que podría achacarse a la película es que este bache de conocimiento impida disfrutarla del todo. Haría falta un programa explicativo sobre la simbología y referencias y la historia en la que se han concretado, como el que se reparte en los teatros antes de los musicales (bien podrían aprovechar la edición física para ello). Así, cualquier espectador que le de una oportunidad (bien merecida) a Dantza podría apreciar más el vestuario creado para la ocasión, el difícil plan de rodaje a lo largo de todo un año para poder rodar en escenarios naturales durante todas las temporadas del año y demás trabajos preciosistas artesanales que hacen de esta película uno de los grandes descubrimientos de 2018. Y se ha hecho aquí, en España.

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