La dramaturga malagueña Angélica Gómez logra un sobresaliente homenaje de la obra pictórica del artista ruso Alexei von Jawlensky, cuyos cuadros permanecerán expuestos en el Museo Ruso hasta finales del próximo mes de enero.
Angélica Gómez ha conseguido con su performance Casi todo sobre Jawlensky la siempre difícil tarea de educar entreteniendo. Una vez al mes desde septiembre, la directora y guionista malacitana ha logrado convertir la sala del Museo Ruso con la exposición temporal de cuadros de Alexei von Jawlensky y de su hijo, Andreas, en un escenario teatral de manera tan acertada como lúdica.
Las actrices, Ana Iglesias y Mariti Manzaneda, habituales de las producciones de la compañía Surterráneo, ejecutaron con maestría y grandes dosis de humor autorreferencial su meta-papel de guías de museo, ejecutado con gran maestría sobre todo hacia la mitad del espectáculo cuando hubieron de exponer el magnífico monólogo a dos voces que constituía el eje explicativo de la exposición, aderezado con la música al teclado de Jesús Durán. A ellas se les unió el magnífico dibujante Pablo Rodríguez en el rol de inesperado cuerpo poseído por el espíritu de Andreas Jawlensky, sobre el cual cayó la mayor carga de improvisación performativa al realizar en directo un dibujo a partir de los trazos aleatorios que alguien del público hizo en el lienzo.
En definitiva, esta ingeniosa pieza a caballo entre la representación teatral y la animación turística no sólo consiguió su objetivo de acercarnos a la obra de dos grandes pintores rusos, sino también la de demostrar que hay esperanza para la performance más allá de las trasnochadas obras onanistas de sobrevalorados artistas contemporáneos con ínfulas de grandes genios de la neovanguardia.