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“Las leyes de la termodinámica” o la docu-rom-com

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Vito Sanz y Berta Vázquez / Fuente: Festival de Málaga

La película del cineasta Mateo Gil (Las Palmas de Gran Canaria; 1972) fue la primera en abrir el apetito de los cinéfilos congregados el pasado viernes en el 21º Festival de Málaga

Las leyes de la termodinámica es una interesante comedia romántica que fusiona la dialéctica del documental con la de una romcom clásica, hibridando un buen film que pugnará por los principales premios del festival malacitano.

Se abren las puertas del mítico Cine Albéniz para el primer pase de prensa a las diez de la mañana. Para mí, habitual entre semana de diferentes congregaciones faranduleras, se me presentaba como una hora terrible para enfrentarme a la primera película de las taitantas que acabaré viendo a la conclusión del festival malagueño. Algo somnoliento, me arrebujo en mi butaca y rezo por que la película resulte interesante.

Mis plegarias fueron escuchadas. Las leyes de la termodinámica arrancaba fuerte, con una propuesta innovadora que mestizaba el (supuesto) logos de verdad de un documental con la siempre ágil, por mecánica, trama de una comedia romántica. Como bien apuntó mi compañero Carlos Campoy, esa dualidad recordaba, en cierto modo, a Sexo fácil, películas tristes (Alejo Flah; 2015), si bien esta última es un manera de hacerse hiperconsciente de sí misma como género y la que aquí nos atañe tiene la ambición naufragada de explicar el amor mediante las leyes de la física.

Cartel de “Las leyes de la termodinámica” / Fuente: Festival de Málaga

Hacia la mitad de la película, la constante invasión del narrador ominisciente y personaje principal, un físico interpretado por Vito Sanz, se produce de manera fluida y sus continuos parones para explicar de manera científica sus tropiezos amorosos con una modelo, interpretada por Berta Vázquez, son perfectamente dirigidos con suma creatividad y habilidad por Mateo Gil. El problema es que esta situación no cesa hasta el final y puede provocar al espectador medio una gran sensación de asfixia, ya que, pese a que las explicaciones son en su mayoría certeras y graciosas, el constante aluvión de datos para alguien no familiarizado en exceso con la jerga puede resultar agobiante y pesado. Por otro lado, esto que apunto puede resultar favorable para quien crea que, dado que narrador y protagonista coinciden, si el personaje llega a ser un pedante insufrible de la talla del que escribe esta crítica, su narración también ha de serlo para conservar la coherencia.

Los secundarios brillan

Lo que me parece en cualquier caso indiscutible es la interpretación mediocre del dúo protagonista encarnado por Sanz y Vázquez, que funciona pero no conmueve. Él parece no desprenderse del todo de su rol en la serie Vergüenza; ella consigue destellos de verdad en algunos momentos, pero en ningún caso creo que consiga el magnetismo que se le presupone al personaje. Los secundarios, sin embargo, están infinitamente mejor. Chino Darín y Vicky Luengo ofrecen un alivio cómico cercano entre el bosquejo de la termodinámica, y la breve actuación de Irene Escolar es, como siempre, impecable. Ah, que no se me olvide, porque es fácil: el modelo Juan Betancourt se estrena como actor en este largometraje cual jarrón vacío, simplemente está ahí de adorno.

En definitiva, Las leyes de la termodinámica es un film a la altura de lo que su director y guionista demostró ser en la rueda de prensa tras el visionado: osado, inteligente y simpático. Sin duda, este primer visionado fue una buena manera de abrir el apetito de este Vigésimoprimer Festival de Málaga de Cine en Español.

Podréis disfrutar de Las leyes de la termodinámica en cines a partir del 20 de abril.

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